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En la extinción de los dinosaurios, la Tierra pudo ser horno antes que congelador
El polvo del asteroide de hace unos 66 millones de años pudo funcionar como tapa térmica antes de enfriar el planeta.
Un nuevo modelo eleva unas 3,5 veces el calentamiento superficial estimado, pero los incendios mundiales no están confirmados directamente por el registro geológico.
Horno y después congelador
Parte de la roca vaporizada se condensó en esférulas que cayeron por todo el planeta. El polvo fino habría impedido que su calor de reentrada escapara al espacio.
Después, el mismo polvo bloqueó la luz durante años o décadas y pudo contribuir al invierno de impacto y al colapso alimentario.
El polvo multiplicó el calor por 3,5
El equipo combinó simulaciones del impacto con el polvo observado en el límite Cretácico-Paleógeno. Al incluirlo, el calentamiento fue 3,5 veces mayor que con esférulas solas.
Partículas de unos 2,5 micrómetros habrían formado una tapa atmosférica que devolvía la radiación térmica al suelo.

Las primeras dos horas pudieron decidirlo
El calor modelado bastaba para encender vegetación y matar animales expuestos. La supervivencia de especies capaces de esconderse bajo agua o tierra encaja con el escenario.
No fue una onda expansiva recorriendo el planeta, sino material distribuido globalmente que se calentó al reentrar.
No prueba que todos ardieran
La evidencia directa de incendios es más fuerte en Norteamérica y sigue siendo limitada en otros continentes. Las temperaturas proceden de un modelo, no de una medición.
El invierno, el colapso de la fotosíntesis, el hambre y el vulcanismo siguen siendo factores posibles.
Por qué cambió la explicación
Cálculos anteriores destacaban que las esférulas se tapaban entre sí y reducían el calor. En 2023 se documentó polvo de impacto mucho más fino, la capa aislante que faltaba.
Más carbón, alteración térmica y mapas de polvo en otros límites geológicos deberán poner a prueba el alcance global.
Fuentes primarias oficiales
Fuente primaria: JGR: Biogeosciences original paper
Fuente primaria: American Geophysical Union research release